
La huelga indefinida que atraviesa el profesorado valenciano no es solo una protesta laboral; es un hito histórico. Tras casi cuarenta años sin presenciar una movilización de estas dimensiones, el sector educativo ha dicho “basta”. Y es que, cuando las ratios se vuelven imposibles, las infraestructuras se convierten en un peligro y el desgaste profesional alcanza límites insostenibles, la huelga deja de ser una opción para convertirse en un imperativo de dignidad.
Desde Per El Campello (XEC), observamos este conflicto con la mirada de quien vive pegado a la realidad municipal, lejos de las inercias de los grandes partidos tradicionales que a menudo pierden de vista el aula para centrarse en el despacho. Esta distancia nos permite ver con claridad que lo que está en juego no es solo un convenio, sino el modelo de sociedad que queremos.
Lo más inspirador de este movimiento es la lección que docentes y familias están dando a nuestros jóvenes: la transformación social no ocurre por inercia, sino a través de la implicación activa y la resistencia frente a la injusticia. Ver a una comunidad educativa unida, soportando semanas de desgaste económico, emocional y físico, es un recordatorio de que la educación pública es el pilar sobre el que se sostiene nuestra democracia.
Sin embargo, no podemos permitir que la educación —al igual que la sanidad— siga siendo el campo de batalla de la confrontación política partidista. Desde nuestra perspectiva municipalista, defendemos que tanto la enseñanza como la salud deben ser tratadas como “cuestiones de Estado”. Necesitamos consensos reales y duraderos que blinden estos servicios básicos, alejándolos del vaivén electoral.
Es hora de que la administración deje de mirar hacia otro lado. La escuela pública no es un gasto, es la inversión más rentable para nuestro futuro. Desde Per El Campello, nos solidarizamos con quienes hoy dan la cara en las calles, porque su lucha es, en última instancia, la lucha por el bienestar de todos nosotros.
Paco Toni Palomares. Per El Campello (XEC)